Cuando ya no estés

Cuando ya no estés, quedarán tus manos.

Espejo donde nunca alcancé a mirar. Mapa para encontrarme. Remedio contra la desmemoria que provoca una facultad. Voluntad cosida con los retales de una vida esclava. Orgullo del que no debe más que a sí mismo.

Quedarán tus manos, que sostienen el mundo.

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26 abriles

Hace no mucho aprendí que la vida no espera a nadie.

Creo que es una de esas cosas que deberían enseñarnos antes de empezar a hablar, antes de echar a andar.

Acostumbramos a medir el tiempo como un rosal del que solo vemos las flores y las espinas, no el tallo que permite a cada una.

Nos quedamos con el ruido, con los gritos, con las lágrimas, esas que hablan todos los idiomas, pero no con el silencio.

Lo  que separa las equis en el mapa es lo que da razón al reloj. Todavía hay quien sueña en horas y veinte y aun caben hazañas en los minutos pares que no son en punto.

Ya se fue el vigésimo quinto abril y como despedida me regaló una duda:

¿Qué es un año?

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Ya no nos enviamos cartas

Pocas cosas me atraen más que un mal café soluble bien caliente, el murmullo ahogado de mi ordenador portátil y una infinita página en blanco.

Con frecuencia, cuando llega el momento de enfrentarme al teclado, me vuelvo mudo. Las luces se apagan, cae el telón y las musas cierran por fuera.

Acabó la función. Game over.

Por cierto, ya no nos enviamos cartas.

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