26 abriles

Hace no mucho aprendí que la vida no espera a nadie.

Creo que es una de esas cosas que deberían enseñarnos antes de empezar a hablar, antes de echar a andar.

Acostumbramos a medir el tiempo como un rosal del que solo vemos las flores y las espinas, no el tallo que permite a cada una.

Nos quedamos con el ruido, con los gritos, con las lágrimas, esas que hablan todos los idiomas, pero no con el silencio.

Lo  que separa las equis en el mapa es lo que da razón al reloj. Todavía hay quien sueña en horas y veinte y aun caben hazañas en los minutos pares que no son en punto.

Ya se fue el vigésimo quinto abril y como despedida me regaló una duda:

¿Qué es un año?

Un año son las palabras que no dijimos.

Porque hieren; Porque avergüenzan; Porque son egoístas. Porque son de verdad.

El contrapunto exacto de aquellas a las que no temimos enseñar mundo.

El equilibrio que nace de escupir un “ve” y censurar un “vuelve”.

Un año es el respeto que te ganan.

Acercar la meta de otro con la ambición propia.

El compromiso de un segundo de a bordo que no demanda galones y navega convencido del rumbo ajeno.

La orfandad que nos envuelve tras la partida de un líder.

Un año es la belleza del abrazo a nuestros demonios.

Viejos conocidos con afán de protagonismo que llegaron para quedarse.

Los espejos que más nos duelen. Los negros que más nos favorecen. Los miedos que más nos besan.

Las batallas que perdemos.

Las guerras que nos definen.

Probablemente, la versión más real de cada uno de nosotros.

Un año son los pasos que no damos con los pies.

Ni para avanzar se necesitan zapatos, ni el viaje se entiende siempre mirando hacia delante. La memoria es la huella de la senda por la que transitó el alma.

En la búsqueda del andén correcto jamás hubo tanta distancia. Encontrar el destino es no dejar de balar.

A veces confundo caminar con crecer. A veces confundo camino y ayer.

Un año es la luz de mediados de septiembre.

Indomable, cautivadora y viva.

Una luz que, desnuda, me obliga a preguntarme por qué.

Una luz que enciende todas las letras, que pone nombre a aquello a lo que nunca pude dárselo.

Una luz que da sentido a cualquier abril.

Un año es, quizá, que Tengo 26.

Un comentario en “26 abriles”

  1. «Una luz que enciende todas las letras, que pone nombre a aquello a lo que nunca pude dárselo.» Haces referencia al ¿amor? o ¿miedo?

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