Cuando ya no estés

Cuando ya no estés, quedarán tus manos.

Espejo donde nunca alcancé a mirar. Mapa para encontrarme. Remedio contra la desmemoria que provoca una facultad. Voluntad cosida con los retales de una vida esclava. Orgullo del que no debe más que a sí mismo.

Quedarán tus manos, que sostienen el mundo.

Cuando ya no estés, quedará tu abrigo.

Bastión a prueba de cualquiera de mis miedos. Camino hecho de arrugas que mantuvieron mi piel intacta. Carcajadas que empequeñecerán logro alguno. Bienvenidas que hacen de cada andén un hogar. Fe incondicional en todas las letras que haya de escribir.

Quedará tu abrigo, refugio de lo que nadie ve.

Cuando ya no estés, quedará tu instinto.

Zorro que aprendió a hablar. Abanderado de la alegría por defecto. Tempestad que suena como el reggaetón que ya no. Capitán sin galones de una tripulación que siempre te rendirá honores. Triunfo eterno para este que intenta hacerte palabra.

Quedará tu instinto, color de mi memoria.

Cuando ya no estés, quedarán tus septiembres.

Carácter indomable que pasa sin llamar. Naturaleza cautivadora capaz de imponerse a todos los porqués. Órbita sobre la que dibujar el siguiente ocaso. Equilibro de cristal a bordo de una montaña rusa. Campo de batalla por el que ha desfilado hasta el último de mis demonios.

Quedarán tus septiembres, luz que pone nombre a lo que nunca pude dárselo.

 

Cuando ya no estés, ¿qué quedará?

Deja un comentario