Te confesaré algo: ni sé por dónde empezar.
Supongo que todo aquello que nos contaron sobre la universidad, el trabajo, la soledad o el amor, no siempre sucede. No, por lo menos, de la forma en la que nos lo vendieron. No, definitivamente, a quienes nos arrastran el tiempo y las dudas.
Avanzamos por obligación, porque no hay vuelta atrás, porque no podemos volver a empezar. Avanzar, pues, no es más que la sucesión -inevitable y gris- de vivencias incompletas y preguntas mal formuladas. Un tránsito en el que la única constante es la insatisfacción.
¿Y ahora qué?