Felices vacaciones

“A esto podría acostumbrarse uno”, me gusta decir cuando participo en algún plan con el que me siento satisfecho y afortunado.

Pero no es cierto.

Esas palabras, en realidad, están llenas de incomodidad, de escepticismo y de culpa.

En aquellos lugares en los que deberíamos celebrar las pequeñas conquistas de la vida, yo me endeudo con ella. Como si nunca, nada, fuera suficiente. Como si esos placeres pertenecieran a quienes siempre los disfrutaron. Como un asno en un panal; agradecido, desubicado y vigilante. Saboreando, con pudor, las mieles hechas para bocas con menos dudas, mientras espero, convencido, la siguiente picadura.

Si algo es bueno, lo veré caro.

Si algo es caro, lo percibiré breve.

Si algo es breve, lo será demasiado.

Y si es demasiado, no sabré merecerlo.

Puedes sacar al chico del barrio, pero no el barrio del chico”, que dirían.

No es mía, pero sí verdad.

Hay bares a los que solo iría para estar detrás de la barra, coches en los que no me movería de la segunda fila, tiendas en las que me sobraría con las perchas, escuelas a las que no accedería ni a los cursos online y destinos a los que mis fotos avergonzarían.

Hay principios en los que uno no sabe cuándo empezó; y justicia en los finales a los que se llega con los que elegimos.  

Felices vacaciones.

A ti, que estás perdido

Te confesaré algo: ni sé por dónde empezar.

Supongo que todo aquello que nos contaron sobre la universidad, el trabajo, la soledad o el amor, no siempre sucede. No, por lo menos, de la forma en la que nos lo vendieron. No, definitivamente, a quienes nos arrastran el tiempo y las dudas.

Avanzamos por obligación, porque no hay vuelta atrás, porque no podemos volver a empezar. Avanzar, pues, no es más que la sucesión -inevitable y gris- de vivencias incompletas y preguntas mal formuladas. Un tránsito en el que la única constante es la insatisfacción.

¿Y ahora qué?

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Perder

Perdemos.

Cuando no te quede nada por ganar, sólo puedes perder.

Cuando no te quede nada por perder, todavía puedes perderte.

La victoria discrimina. Es orgullosa, clasista y desvergonzada.

La pérdida democratiza. Es ciega, docente y justa.

Nunca existirán triunfos completos pero sí derrotas con margen de naufragio.

No pierdes si no ganas, pero sí ganas si no pierdes.

La falta de victoria no es derrota. La falta de pérdida sí es triunfo.

Perder no es no ganar; perder es no entender que no perder sí es ganar.