Me voy, que no llego

Llego a deshora. A la oficina, a casa, a estas líneas. Desde hace demasiado, vivo instalado en la constante insatisfacción de saber que no estaré a tiempo. Como quien ha sido condenado a perpetuar la falta de compromiso con el calendario, soy testigo de excepción en la desafortunada sentencia.

Seguir leyendo