Corren malos tiempos para nudos en la garganta. Hemos dejado de escuchar voces entrecortadas. Todos saben qué decir y a nadie se le atraganta la saliva. Nos aterra la duda. El asombro, prólogo inmutable del ayer escrito con tinta indeleble, parece llamar hoy a cobro revertido. Las canciones suenan con desánimo, pidiendo perdón y permiso. Muy pocos son ya los que tienen la suerte de quedarse mudos, apretar los dientes y estar dispuestos a volver a ser.