Aquella vez

En estos días de prisas sin tregua y relojes con retraso, recordar es vivir en diferido. Y aun así, un regalo que pocos degustan en presente.

En estos tiempos en los que obviamos el ahora en pos del mañana, traer el ayer a la memoria resulta el spoiler más valioso que el calendario nos concede.

Paseando por Madrid he vuelto a saludarme, a preguntarme qué tal, a abrazarme con los escombros del que evoca una duda. Y en el mismo sitio y a la misma hora, unas palabras de Eduardo Galeano se sacuden el polvo que deja una demolición:

“Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”

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Líneas

Me fascina el poder que tienen las líneas sobre el asfalto: la discontinua, el arcén o un paso de peatones.

Es casi insultante cómo unas pinceladas de trazo áspero nos hacen sentir cómodos, seguros y protegidos. En posesión, qué duda cabe, de la razón absoluta contra golpes de claxon, ráfagas de luces de carretera e improperios de otros que, evidentemente, están equivocados.

Hemos asumido que todo vale si está delimitado por las marcas que rigen el trayecto sin conocer el motivo.

Se nos da bien acceder, consentir y aplaudir mientras pensamos que tocar las palmas en grupo mejora el compás.

En la generación del ‘me gusta’, en la nuestra, utilizar el “me gustas” es adelantar con línea continua.