Tienen miedo

Son las 14:57 en el vagón de un tren del Metro de Madrid. Una pareja se esfuerza en no parecerlo. Se hacen arrumacos dosificando cada roce. Son dos ajedrecistas con la mente puesta en el final de la partida. Mientras, miden las sonrisas y censuran todo amago de honestidad.

Pero en sus manos hay verdad. En sus caderas, delirio. En sus teléfonos, llamadas perdidas. Y en su ojos, miedo.

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Aquella vez

En estos días de prisas sin tregua y relojes con retraso, recordar es vivir en diferido. Y aun así, un regalo que pocos degustan en presente.

En estos tiempos en los que obviamos el ahora en pos del mañana, traer el ayer a la memoria resulta el spoiler más valioso que el calendario nos concede.

Paseando por Madrid he vuelto a saludarme, a preguntarme qué tal, a abrazarme con los escombros del que evoca una duda. Y en el mismo sitio y a la misma hora, unas palabras de Eduardo Galeano se sacuden el polvo que deja una demolición:

“Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”

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Perder

Perdemos.

Cuando no te quede nada por ganar, sólo puedes perder.

Cuando no te quede nada por perder, todavía puedes perderte.

La victoria discrimina. Es orgullosa, clasista y desvergonzada.

La pérdida democratiza. Es ciega, docente y justa.

Nunca existirán triunfos completos pero sí derrotas con margen de naufragio.

No pierdes si no ganas, pero sí ganas si no pierdes.

La falta de victoria no es derrota. La falta de pérdida sí es triunfo.

Perder no es no ganar; perder es no entender que no perder sí es ganar.