Son las 14:57 en el vagón de un tren del Metro de Madrid. Una pareja se esfuerza en no parecerlo. Se hacen arrumacos dosificando cada roce. Son dos ajedrecistas con la mente puesta en el final de la partida. Mientras, miden las sonrisas y censuran todo amago de honestidad.
Pero en sus manos hay verdad. En sus caderas, delirio. En sus teléfonos, llamadas perdidas. Y en su ojos, miedo.