Zlatan, el Valhalla te espera

“El Valhalla es un enorme y majestuoso salón ubicado en la ciudad de Asgard, gobernada por Odín […] Cuenta con quinientas cuarenta puertas, cada una tan ancha como para que ochocientos guerreros puedan pasar por ellas marchando lado a lado […] Aquí, largas mesas brindan acomodo a los Einherjar (“combatientes solitarios”), los guerreros caídos en batalla, elegidos personalmente por Odín para estar allí […] Cuando un guerrero se ha distinguido especialmente por su valor, el mismo Odín se levanta de su trono para recibirlo, personalmente, en las puertas del Valhalla”.

Hace algunas semanas, uno de esos días en los que nada parece alterar el letargo por el que a menudo me dejo caer, Ibrahimovic volvió a ser protagonista. Mientras averiguaba el porqué, decidí reproducir un vídeo en el que, a modo de resumen, aparecían algunos de los goles más icónicos del futbolista sueco. Al tiempo, en una esquina del plano, un pequeño contador calculaba el número de dianas que había conseguido hasta el momento. La cifra, inquieta, no paraba de aumentar.

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Maradona es el fútbol

Rezan así los últimos versos del incuestionable poema Nunca jamás, de Walter Saavedra:

“Cómo vas a saber lo que es la vida, hijo mío, si nunca jamás jugaste a la pelota”.

Leyéndolo una y otra vez, no consigo borrar de mi mente la imagen, siempre de albiceleste, de Diego Armando Maradona junto a un balón de fútbol.

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Llegó, se coronó y abdicó

Llevo ya varios días buscando una razón para ponerme de nuevo frente a las teclas. Tiempo en que las que las musas no han tenido a bien ni pasar a saludar. Ni un gesto, ni una muestra de interés, ni tan siquiera una mueca para que deje de dármelas de juntaletras con ínfulas. Nada.

Sin embargo, los minutos no han llegado a conformarse horas desde que he encontrado el argumento idóneo para estar sentado frente a la pantalla.

Aunque para nadie era ya un secreto, supongo que en el fondo todos albergábamos el anhelo de volver a verlo con un escudo en el pecho. Pero no, no será así. No, al menos, a nivel profesional. Y es que, Ronaldo de Assis Moreira, Ronaldinho, se retira. Marcha. Deja huérfanos a los que le vimos y a los que no. Deja sin referente a un fútbol que hizo suyo. Una escuela cimentada sobre calidad, alegría y amor por la pelota.

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