Hoy una amiga afirmaba que “en tiempos de guerra, el amor es trinchera”. No es suyo, aunque ya nunca se lo reconoceré a nadie más. Sirvan estas palabras como agradecimiento, mi queridísima.
Pero… ¿Y en tiempos de paz?
Hoy una amiga afirmaba que “en tiempos de guerra, el amor es trinchera”. No es suyo, aunque ya nunca se lo reconoceré a nadie más. Sirvan estas palabras como agradecimiento, mi queridísima.
Pero… ¿Y en tiempos de paz?
“Graba un mensaje para tu yo de los 30”
Hacía tiempo que unas palabras no me descolocaban tanto. Las escuché y algo se me removió dentro. Sin entender muy bien por qué, se me antojaba imposible pasar por alto esa frase. Me resultaba, a partes iguales, tremendamente nostálgica y terriblemente compleja.
He tratado de aparcarla, de dejarla en fuera de juego, de silenciarla. Todo, sin éxito. Mandarnos callar no tiene mucho sentido porque, mientras lo hacemos, seguimos hablando.
Así que hoy, después de haber visto el invierno en la boca de aquellos que sólo sienten frío cuando baja el termómetro, tengo que decirme algo.
¿Dónde encontramos las cosas que no se pueden buscar?
Tratando de ordenar mis pensamientos, y aprovechando para limpiar bajo la alfombra de la curiosidad, me topé con esta pregunta. Más bien, me di de bruces. Fue un golpe seco, certero, de los que hacen de la duda un chichón.