Llevo ya varios días buscando una razón para ponerme de nuevo frente a las teclas. Tiempo en que las que las musas no han tenido a bien ni pasar a saludar. Ni un gesto, ni una muestra de interés, ni tan siquiera una mueca para que deje de dármelas de juntaletras con ínfulas. Nada.
Sin embargo, los minutos no han llegado a conformarse horas desde que he encontrado el argumento idóneo para estar sentado frente a la pantalla.
Aunque para nadie era ya un secreto, supongo que en el fondo todos albergábamos el anhelo de volver a verlo con un escudo en el pecho. Pero no, no será así. No, al menos, a nivel profesional. Y es que, Ronaldo de Assis Moreira, Ronaldinho, se retira. Marcha. Deja huérfanos a los que le vimos y a los que no. Deja sin referente a un fútbol que hizo suyo. Una escuela cimentada sobre calidad, alegría y amor por la pelota.
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