Rezan así los últimos versos del incuestionable poema Nunca jamás, de Walter Saavedra:
“Cómo vas a saber lo que es la vida, hijo mío, si nunca jamás jugaste a la pelota”.
Leyéndolo una y otra vez, no consigo borrar de mi mente la imagen, siempre de albiceleste, de Diego Armando Maradona junto a un balón de fútbol.