Maradona es el fútbol

Rezan así los últimos versos del incuestionable poema Nunca jamás, de Walter Saavedra:

“Cómo vas a saber lo que es la vida, hijo mío, si nunca jamás jugaste a la pelota”.

Leyéndolo una y otra vez, no consigo borrar de mi mente la imagen, siempre de albiceleste, de Diego Armando Maradona junto a un balón de fútbol.

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No mires abajo

El sábado, al abrigo de la malagueña Plaza de la Merced, vi cómo dos pájaros se amaban en el abismo y me quede perplejo. Suspendidos sobre un alambre que empequeñecía muchos tejados, e invisibles a la vista de quien solo mira con los ojos, dejaron de ser extraños.

Se besaban. Se acariciaban. Probablemente sonreían. Seguramente, entre sonrojo y sonrojo, también intercambiaban confidencias. Quizá, con suerte, hasta quedaron prendados con el compromiso de lo efímero.

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Malos tiempos

Corren malos tiempos para nudos en la garganta. Hemos dejado de escuchar voces entrecortadas. Todos saben qué decir y a nadie se le atraganta la saliva. Nos aterra la duda. El asombro, prólogo inmutable del ayer escrito con tinta indeleble, parece llamar hoy a cobro revertido. Las canciones suenan con desánimo, pidiendo perdón y permiso. Muy pocos son ya los que tienen la suerte de quedarse mudos, apretar los dientes y estar dispuestos a volver a ser.

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