Hace tiempo que no escribo desde el salón. De hecho, si no recuerdo mal, la última vez fue en 2017, cuando el año estaba ultimando su maleta y tenía reservado ya el billete de ida. Meses después, 2018 está también a punto de embarcar.
Categoría: 80 dB
A cada una
A cada reloj fatigado, una fotografía nítida.
El minutero ya no termina en punta y, ahora, aparece y desaparece como el ámbar de un semáforo. Por momentos parece cansado, pero no se olvida de que el tiempo es una carrera de relevos, y el segundero llegará primero para darle el testigo. A las agujas las empujan los recuerdos. La memoria es la garantía de que empezamos de cero. Que el blanco y negro sea una decisión y la siguiente instantánea nos cueste sólo un disparo.
A cada beso negado, una caricia gratuita.
La austeridad, de puertas para fuera. La avaricia al besar se vuelve contra nosotros, se enquista y metastatiza. Cercena los labios venideros y lo que ahorramos en saliva lo gastamos en lágrimas. Nos dijeron que había brotes verdes y alzamos la vista en busca de algo que tenemos enfrente. Puede que gestionar tenga más de gesto de que de administrar, y que derrochar, aquí, sea más un derecho que un defecto.
De guerras, desamor y trincheras
Hoy una amiga afirmaba que “en tiempos de guerra, el amor es trinchera”. No es suyo, aunque ya nunca se lo reconoceré a nadie más. Sirvan estas palabras como agradecimiento, mi queridísima.
Pero… ¿Y en tiempos de paz?