Las buenas preguntas

– Me gustan las buenas preguntas.

+ ¿Por qué?

– Porque siempre caminan solas.

+ ¿Qué?

– Que, tras ellas, sólo queda el silencio. Te roban la palabra y secuestran la réplica.

+ ¿Cómo?

Despojándonos de las respuestas que nunca nos pertenecieron, que jamás sentimos nuestras. De las respuestas a las que, con la dedicación que nos negamos, dimos la forma del capricho ajeno.

+ ¿Quién?

– Tú. Y yo. Y todos los que aprendimos después de no saber contestar. Cualquier día, te lo aseguro, la pregunta correcta derruirá muchas de las verdades que hoy creías inexpugnables.

+ ¿Cuándo?

– Cuando tengas el coraje de darle a alguien las razones suficientes para que pase sin llamar. Cuando te hayas quitado tanta piel que sólo se vean vísceras. Cuando hagas hueco a algo más que a un “lo sé”.

 

– ¿Tú por qué escribes?

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Faros

Los faros están desapareciendo. Las nuevas formas de localización y navegación extinguirán, para siempre, la mirada más codiciada de los mares.

Estas viejas torres han alumbrado en noches cerradas y almas que se creían desahuciadas. Si los acantilados hablaran, los milagros tendrían sabor a sal.

Yo nunca he visto ninguno. Y sin embargo, también me he quedado prendado con la luz de sus pupilas.

No obstante, no todos los faros tienen vistas al mar.

Los hay que son ese consejo valiente y honesto que duele, enoja y guía.

Otros se esconden en la voz rota que canta la historia que creemos hecha para nosotros.

Algunos, los que menos, aparecen en medio de un desmarque durante la prórroga en la final de un Mundial.

Y luego están los demás, esos que ven, tocan y sonríen. Los que jamás tendrás que buscar, pues para ellos siempre serás su Norte.

Los faros están desapareciendo porque, a menudo, navegamos con los ojos cerrados.

Perder

Perdemos.

Cuando no te quede nada por ganar, sólo puedes perder.

Cuando no te quede nada por perder, todavía puedes perderte.

La victoria discrimina. Es orgullosa, clasista y desvergonzada.

La pérdida democratiza. Es ciega, docente y justa.

Nunca existirán triunfos completos pero sí derrotas con margen de naufragio.

No pierdes si no ganas, pero sí ganas si no pierdes.

La falta de victoria no es derrota. La falta de pérdida sí es triunfo.

Perder no es no ganar; perder es no entender que no perder sí es ganar.