– Me gustan las buenas preguntas.
+ ¿Por qué?
– Porque siempre caminan solas.
+ ¿Qué?
– Que, tras ellas, sólo queda el silencio. Te roban la palabra y secuestran la réplica.
+ ¿Cómo?
– Despojándonos de las respuestas que nunca nos pertenecieron, que jamás sentimos nuestras. De las respuestas a las que, con la dedicación que nos negamos, dimos la forma del capricho ajeno.
+ ¿Quién?
– Tú. Y yo. Y todos los que aprendimos después de no saber contestar. Cualquier día, te lo aseguro, la pregunta correcta derruirá muchas de las verdades que hoy creías inexpugnables.
+ ¿Cuándo?
– Cuando tengas el coraje de darle a alguien las razones suficientes para que pase sin llamar. Cuando te hayas quitado tanta piel que sólo se vean vísceras. Cuando hagas hueco a algo más que a un “lo sé”.
– ¿Tú por qué escribes?
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