Mientras no escribas

Mientras no escribas, seguirás el ritmo.

Coreógrafo sin ensayos, bailarines ni sollozos.

La comodidad de saberte en tiempo. Un futuro estable que descansa sobre sueños quebrados. Escenarios que nunca serán. Vivir al compás ajeno.

Mientras no escribas, habrás de ser invisible.

Cineasta sin rodajes, actrices ni errores.

Escribir sobre la desdicha nunca fue más autobiográfico. Final cerrado donde no caben segundas partes. Basado en deshechos reales.

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Una ingeniera por Marlon Brando

Un orgasmo continuo.
Una calada interminable.
Un anhelo perpetuo.
Una amargura perenne.
Un estribillo eterno.

Nada sería menos fascinante.
Nada sería menos.
Nada sería.
Nada.

Somos temporizadores de sueños. Venimos al mundo con la cuenta atrás en marcha y la posibilidad de detenerla colgada del llavero que nunca prestamos.

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Llegó, se coronó y abdicó

Llevo ya varios días buscando una razón para ponerme de nuevo frente a las teclas. Tiempo en que las que las musas no han tenido a bien ni pasar a saludar. Ni un gesto, ni una muestra de interés, ni tan siquiera una mueca para que deje de dármelas de juntaletras con ínfulas. Nada.

Sin embargo, los minutos no han llegado a conformarse horas desde que he encontrado el argumento idóneo para estar sentado frente a la pantalla.

Aunque para nadie era ya un secreto, supongo que en el fondo todos albergábamos el anhelo de volver a verlo con un escudo en el pecho. Pero no, no será así. No, al menos, a nivel profesional. Y es que, Ronaldo de Assis Moreira, Ronaldinho, se retira. Marcha. Deja huérfanos a los que le vimos y a los que no. Deja sin referente a un fútbol que hizo suyo. Una escuela cimentada sobre calidad, alegría y amor por la pelota.

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