A ti, que estás perdido

Te confesaré algo: ni sé por dónde empezar.

Supongo que todo aquello que nos contaron sobre la universidad, el trabajo, la soledad o el amor, no siempre sucede. No, por lo menos, de la forma en la que nos lo vendieron. No, definitivamente, a quienes nos arrastran el tiempo y las dudas.

Avanzamos por obligación, porque no hay vuelta atrás, porque no podemos volver a empezar. Avanzar, pues, no es más que la sucesión -inevitable y gris- de vivencias incompletas y preguntas mal formuladas. Un tránsito en el que la única constante es la insatisfacción.

¿Y ahora qué?

Recuerdo cuando, de pequeño, pasaba horas pegado a la pantalla de mi Game Boy Color reiniciando constantemente el juego de turno si no estaba muy convencido del resultado. Si las cosas no iban bien, apagaba -sin guardar la partida-, encendía y volvía al principio. Cada vida contaba así que trataba de no malgastar ninguna. Apagar, encender y comenzar de nuevo.

Y mientras lo escribo, es casi vergonzoso darse cuenta de que estamos matando el tiempo de la única historia en la que somos verdaderos protagonistas. Y lo peor no es saberlo, no. Lo peor es que, quizá, aunque en algún momento pudiste ver que algo no iba bien, no sirvió de nada. Lo más jodido es ser consciente de que, a estas alturas, hay una parte del juego que no se puede reiniciar; que lo que te ha traído hasta aquí se queda como está.

Teniendo esto presente no importa demasiado lo alcanzado, sino el sentido que nos da. Creo que el secreto está en reconocernos en aquello a lo que dedicamos esfuerzo y en aquellos a los que dedicamos tiempo -y a la inversa-. De nada valen nóminas, bodas o premios si están vacíos, si carecen de significado, si no contienen una parte de nosotros mismos.

Intuyo alguna lectura cómplice por ahí. De ser así: lo siento, bienvenid@ y toma nota de lo que viene.

Steve Jobs, una de las personalidades más brillantes y complejas que he conocido, afirmó  durante un discurso en la prestigiosa Universidad de Stanford que “no puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Porque creer que los puntos se conectarán te dará la fuerza para seguir a tu corazón”.

Esas palabras se han convertido en una especie de filosofía. Una manera de entender que nuestras decisiones nos acercan a algo que, desde la distancia actual, todavía no podemos adivinar. Un ejercicio de fe en que lo bueno que está por venir es la suma de los errores que debemos vivir.

Tal vez estar perdido sea una etapa más del camino.

Creamos en la belleza de nuestras huellas. Confiemos en las curvas de nuestros pasos.

Pero sin prisa, que aún nos queda partida.

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