Faros

Los faros están desapareciendo. Las nuevas formas de localización y navegación extinguirán, para siempre, la mirada más codiciada de los mares.

Estas viejas torres han alumbrado en noches cerradas y almas que se creían desahuciadas. Si los acantilados hablaran, los milagros tendrían sabor a sal.

Yo nunca he visto ninguno. Y sin embargo, también me he quedado prendado con la luz de sus pupilas.

No obstante, no todos los faros tienen vistas al mar.

Los hay que son ese consejo valiente y honesto que duele, enoja y guía.

Otros se esconden en la voz rota que canta la historia que creemos hecha para nosotros.

Algunos, los que menos, aparecen en medio de un desmarque durante la prórroga en la final de un Mundial.

Y luego están los demás, esos que ven, tocan y sonríen. Los que jamás tendrás que buscar, pues para ellos siempre serás su Norte.

Los faros están desapareciendo porque, a menudo, navegamos con los ojos cerrados.

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