A mi yo de mañana

“Graba un mensaje para tu yo de los 30”

Hacía tiempo que unas palabras no me descolocaban tanto. Las escuché y algo se me removió dentro. Sin entender muy bien por qué, se me antojaba imposible pasar por alto esa frase. Me resultaba, a partes iguales, tremendamente nostálgica y terriblemente compleja.

He tratado de aparcarla, de dejarla en fuera de juego, de silenciarla. Todo, sin éxito. Mandarnos callar no tiene mucho sentido porque, mientras lo hacemos, seguimos hablando.

Así que hoy, después de haber visto el invierno en la boca de aquellos que sólo sienten frío cuando baja el termómetro, tengo que decirme algo.

A mi yo de mañana:

¿Qué tal? ¿Cómo estás?

Te escribo desde la insatisfacción, que es el único estado natural que he conocido en este tiempo; mientras, termino de colocar los pocos muebles que, hasta hoy, he logrado que encajen en nuestro pequeño salón. Ya sabes, nunca hemos sido de muchos adornos. Al final, siempre terminas abandonándolos con cada nueva cicatriz.

No voy a robarte mucho tiempo, iré al grano. Eso sí, presta atención. Ten claro que, cuanto más caso me hayas hecho, más cerca estarás de ser la persona que quieres ver cuando pongas el modo autorretrato en la cámara de tu teléfono móvil.

Empezaré por el miedo, que supongo que seguirá siendo un fiel compañero de viaje. Aprende a vivir con él. Es más, cuídalo. No permitas nunca que se marche y abrázalo hasta que deje de temblar. Que no te engañen: todo el mundo tiene miedo. Dale el espacio que merece, no consientas que tome las riendas y te garantizo que te hará saber qué decisiones son las realmente importantes.

Y del miedo, casi de forma obligada, al amor. Empresa complicada esta, ¿verdad? Ojalá, cuando me leas, hayas crecido. Sabes a lo que me refiero. Siempre hemos tenido mucha suerte con las personas que nos eligieron, pero, quizá, nos dejamos arrastrar demasiado pronto por el escote de la inseguridad. Confío en que madurarás. No obstante, no olvides una cosa: que nunca sea una imposición. Llegará cuando quiera hacerlo, sin llaves, y se irá dando un portazo que resquebrajará las paredes hechas de ilusión y esperanza. No te preocupes, venden un material buenísimo para tapar esas grietas: querernos.

Ah, otra cosa importante: estés donde estés no olvides nunca de dónde viniste. Sí, ya sé que es el típico consejo que se da siempre pero es fundamental que lo tengas a mano, que vaya contigo. Que sea tu Norte cuando creas que no necesitas brújula. Recuerda que dónde es cualquier parte. Tú hogar son las huellas de esos que pisaron primero, nos despejaron el camino y nos dieron la oportunidad de dibujar el nuestro. De verdad, pase lo que pase, llegues donde llegues, tenlo siempre presente.

Sé ambicioso. Sueña a lo grande, aunque parezca loco, irreal, estúpido o arrogante. Ambiciónalo todo. Si has de caer, que sea en picado y sin red. Como el púgil que besa la lona, tras haber bajado la guardia, en la búsqueda de un último directo al mentón de un imposible. Acuérdate de lo que reza esa máxima del fútbol que nos encanta: “Sólo lo falla [un penalti] el que lo tira”. Pero si vas a citar, que sea a ti mismo: “La ambición es la medida real de un sueño”.

Y en cada una de estas cosas, tu nombre. Sigue haciéndolo, todo, a tu manera. Pocas cosas me dolerían más que encontrarnos mañana y escucharte decir que sucumbiste al anonimato por mantener la compostura. Como bien sabes, Andrés Suarez, el cual espero no haya compuesto nada mejor que Benijo en este tiempo, solía contar que creyó, y lo sigue haciendo, más en su canciones que en él mismo. Eso es. Ahí está la respuesta a todo. Hagas lo que hagas, que lleve tu impronta. Deja tu firma en cada cosa que aciertes a besar. Duda de ti, pero jamás, por favor, de nuestra forma de entender la vida.

No hay mucho más.

Hasta que me leas seré yo el encargado de guiarme por estos principios. No te defraudaré, tienes mi palabra.

P.D.: Balando en el andén es por y para ti.

Deja un comentario